Textos destacados

Tesoros del Conocimiento

«Puesto que la cultura colectiva ha desterrado y difamado a las míticas Diosas Negras y también a sus enseñanzas, como individuos hemos sido condicionados a negar y a detestar todas aquellas partes de nuestra personalidad que se corresponden con las características de la Diosa Negra. Las diferentes diosas de la Luna Negra eran todas reinas de los mundos subterráneos y el mundo subterráneo de los antiguos no es más que una metáfora de la mente inconsciente de los individuos de hoy en día. La antigua Diosa Negra, que fue difamada y desterrada, es análoga a la sombra de Jung, es decir, a aquellas partes de nuestra personalidad que negamos y rechazamos y que pasan a ser reprimidas en el inconsciente. La Diosa Negra contiene los aspectos rechazados de la integridad femenina y, como tal, ahora simboliza la sombra de lo femenino.
   Para los antiguos una relación segura y provechosa con los poderes de los mundos subterráneos se conseguía a través de un correcto acercamiento a la Diosa Negra. La psicología contemporánea reconstruye esta antigua sabiduría sugiriendo que se consigue una segura y provechosa relación con los poderes del inconsciente a través de un correcto acercamiento a esta sombra. Si reconocemos y respetamos las oscuras fuerzas de nuestro inconsciente, nuestras Diosas Negras interiores mantendrán una excelente predisposición hacia nosotros y nos proporcionarán una gran perspicacia y un gran poder de sanación y de renovación. Pero, si las menospreciamos y las alejamos de nosotros (al igual que la sombra de nuestra personalidad cuando se siente negada y rechazada), aquéllas, durante nuestros momentos de debilidad, estallarán de forma inesperada dentro de nuestra realidad consciente. Cuando, por sí mismas, las deidades de la oscura sombra de lo femenino adquieren una autonomía vengativa, siembran el terror, la destrucción y la locura en nuestras vidas.»

Demetra George en "Las lunas negras"

«La teoría de la evolución es el mito cosmogónico moderno: usurpa el papel de la religión en cuanto explicación de la formación de las especies vivas —e incluso, en sus especulaciones más osadas, del universo—; se mantiene por la fe en la revelación científica y presenta un mito de la Creación invertido: mientras que todas las religiones explican, de una forma u otra, la creación del mundo de arriba abajo, el darwinismo lo hace de abajo arriba. Whitall Perry lo expone como la inversión de los primeros versos del Evangelio de Juan: En el principio era la carne… y la carne se hizo Verbo.
   Para E. F. Shumacher, el evolucionismo es un engaño que ha triunfado y que ha apresado al hombre moderno en lo que parece ser un conflicto irreconciliable entre ciencia y religión. Ha destruido toda forma de fe que tira de la humanidad hacia arriba y la ha sustituido por una fe que la arrastra hacia abajo. Ya no hay nada alto y nada bajo; todo es finalmente lo mismo, aunque algunas cosas sean más complejas que otras, simplemente por azar. El evolucionismo, pretendiendo explicar todo y cada cosa única y exclusivamente por la selección natural para la adaptación y la supervivencia, es el producto más extremo del utilitarismo materialista del siglo XIX. La incapacidad del pensamiento del siglo XX de desembarazarse de esta impostura es un fracaso que bien pudiera causar el colapso de la civilización occidental. Porque para una civilización es imposible sobrevivir sin una fe en sentidos y valores que trasciendan el utilitarismo del bienestar y la supervivencia; en otras palabras, sin una fe religiosa.»

Avinash Chandra en "El científico y el santo"

«Las fiestas, o sea, los espacios significativos donde el tiempo ordinario puede ser abolido, son puntos simbólicos de coyuntura dentro de un tiempo monótono e insignificante y señalan en la sucesión del año lo que es el Tiempo en Sí al valorizarlo y reintegrarlo a un espacio originario; dicho de otro modo, no sería nada el Tiempo, su Ser, sin las fiestas, o espacios, especialmente signados por su proyección o hálito, el movimiento, para comprenderlo o invocarlo. En estas estaciones que hace el movimiento, el tiempo se reintegra, y es a la vez reintegrado por el rito humano a su Origen Arquetípico. Ya que no hay mayor logro de síntesis que vivenciar al Tiempo como si fuera Espacio; un solo y absoluto espacio vacío; pues si el movimiento que atestiguan los calendarios es la proyección espacial del tiempo, la absorción de éste en lo atemporal es semejante a finalizar el discurso sin haber movido la lengua como reza el texto zen-budista.
   Dos han sido siempre para todos los pueblos estas estaciones fundamentales donde el Sol parece detenerse en su recorrido anual y ellas marcan dos puntos extremos en una circunferencia; nos referimos a los solsticios, palabra en cuya etimología está implícita esta estación, este detenerse, esta invariable y periódica señal que divide el año en dos partes; y posteriormente en cuatro, con los equinoccios como puntos intermedios, estabilizándolo, enmarcándolo y estructurando todas las fiestas sucesivas.»

Federico González en "Simbolismo y arte"

«La fuente es una representación del origen de las aguas y al mismo tiempo un lugar para que el ser humano pueda saciar su sed.
   Esta sed para algunas Tradiciones es el Conocimiento metafísico y se habla por ello de una peregrinación a las fuentes, que dicho de otro modo es a la esencia de las cosas, a lo que éstas son en su origen, aunque permanezcan ocultas, como se aprecia en la simple observación del movimiento de un río.
   Igualmente simboliza los flujos femeninos, y la expresión obstétrica romper la fuente o romper aguas denota la causa inmediata del nacimiento del ser. El simbolismo de la fuente de agua viva se da en la descripción del manantial que surge en el centro del jardín del Paraíso terrenal que forma luego cuatro ríos que corren hacia las cuatro direcciones del espacio. Las construcciones que tienen por centro un patio con una fuente en su medio están simbolizando estas aguas de Conocimiento liberadoras. La sacralidad de los manantiales es universal y tienen en muchos casos la propiedad de curar las heridas de los guerreros o de calmar la sed de Conocimiento de los sabios.»

Federico González Frías en "Diccionario de símbolos y temas misteriosos"

«La concepción taoísta del mundo considera que cada cosa-acontecimiento es lo que es sólo en relación con las demás. La tierra y las más minúsculas partículas que habitan en ella están, inevitablemente, en consonancia con el sol, la luna y las estrellas. Ellas los necesitan en la misma medida en que necesitan y se componen de sus propios elementos. Recíprocamente, el sol no iluminaría si no hubiera ojos, ni el universo existiría si no hubiera conciencia, y viceversa. Éste es el principio de surgimiento mútuo, que está explicado en el segundo capítulo del Tao Te Ching.
   El principio sostiene que si se deja que todas las cosas sigan su camino, la armonía del universo quedará establecida, ya que cada proceso del mundo puede realizarse sólo en relación con todos los otros. La analogía política la encontramos en el anarquismo de Kropotkin, teoría que postula que si se deja a las personas hacer lo que les place, seguir su naturaleza y descubrir lo que realmente les satisface, un orden social emergerá por sí mismo. La individualidad es inseparable de la comunidad. En otras palabras, el orden de la naturaleza no es un orden forzado; no es el resultado de leyes y preceptos que los seres humanos se vean obligados a seguir al sentirse presionados por la violencia externa; ya que en la concepción taoísta no existe realmente un mundo obstinadamente externo. Mi interior surge y se corresponde con lo que es exterior a mí, y, aunque ambos difieran, no pueden verse disociados.»

Alan Watts en "El camino del Tao"

<<   11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20   >>