Textos destacados

Tesoros del Conocimiento

«El arte de contemplar es el arte de ser. El avanzar en la contemplación es avanzar en el ser que somos verdaderamente y que se evidencia cuando contemplamos. Esto no se puede comprender desde la idea errónea que tenemos los humanos de que una cosa es conocer y otra es ser. Cuando pensamos, siempre lo hacemos desde la dualidad primigenia de la mente que escinde lo Real en dos: el que mira y lo mirado, el contemplador y lo contemplado. Así no podemos comprender; y por eso mismo creemos que el contemplar nos aleja del ser, cuando es realmente lo contrario.
   Creemos que la verdad está objetivada y que el yo que la contempla está aparte de la realidad, y al pensar de esa manera no es posible que coincida el contemplar con el ser. Pero, ¿y si no fuera así?, ¿y si la realidad fuera una y estuviera hecha de conciencia?, ¿y si todo fuera creación de esa conciencia y, al contemplar, creáramos? De hecho, eso es lo que sucede: la luz de la conciencia es la creadora de realidades. La luz que ve, al ver crea; contemplar es realizar. Una vida contemplativa es, así, una vida de realización.»

Consuelo Martín en "El arte de la contemplación"

«Para Bernoulli, el Loco es el tonto, la nada, el cero, el círculo; es el vacío que está contenido en sí mismo y que contiene también a las veintiuna cartas restantes. El 0 es el número potencial para la transformación, para el progreso y el desarrollo. Está inmóvil en el centro, en el eje de la Rueda. El Loco ha renunciado a toda la gloria del mundo, es pobre y tonto, y sin embargo, no desea nada más. Está solo y no pide ayuda ni consejos, pero si vamos hacia él, volvemos a casa. Para Widmann, el Loco habita en tierra de nadie, vive en el límite, y en su imagen convergen la creatividad y la destructividad, la alegría del juego y la furia del loco, la perspicacia del bufón y la locura del delirio, el genio y la locura del artista. Para Nichols, conecta los dos mundos, el mundo cotidiano y el no verbal de la imaginación, él se mueve libremente entre estos mundos y también los confunde.
   El Loco como carta está aparte de los septenarios, y puede estar al final o al principio del Tarot, porque representa la Luz y la Sombra arquetípicas. El hecho de contenerlas, simboliza que es una imagen anterior a la escisión de los opuestos. Por un lado, representa la idea del Dios trascendente (la luz celeste) y por el otro, es el vagabundo, el inocente, el bufón, y el trickster (la Sombra colectiva). También simboliza el individuo que no tiene conciencia, que está inmerso en los pliegues del inconsciente.
   Desde el punto de vista trascendente y celeste, el Loco es una representación que intenta dar forma a lo que no la tiene. Se le puede relacionar con el Vacío o Caos, donde surgió por primera vez el cosmos y con la prima materia de la Alquimia, que permanece en el trasfondo de las cosas.»

Antoni Amaro en "El tarot Rider-Waite"

«La negatividad de la muerte es esencial para la experiencia erótica: El amor no es, o es en nosotros, como la muerte. La muerte se dirige sobre todo al yo. Los impulsos de vida eróticos lo inundan y deshacen los límites de su identidad narcisista-imaginaria. En virtud de su negatividad se manifiestan como impulsos de muerte. No solo existe aquella muerte que significa el final de la mera vida. Tanto la renuncia a la identidad imaginaria del yo como la supresión del orden simbólico, al que el yo debe su existencia social, representan la muerte, una muerte más importante que el final de la mera vida.
   La vida cotidiana consta de discontinuidades. La experiencia erótica abre el acceso a la continuidad del ser, lo único que establecería la muerte definitiva de los seres discontinuos

Byung-Chul Han en "La agonía del Eros"

«El primer paso desde la ignorancia al Conocimiento es el restablecimiento de las relaciones verdaderas entre todas las cosas: es la realización del conocimiento relativo o del discernimiento. Estas relaciones son en sí las esencias inmutables, los Arquetipos eternos, en cuanto manifiestan su Unidad ontológica en el aspecto de la complementariedad de las correspondencias universales; éstas se expresan por el encadenamiento causal de las posibilidades distintas, el cual lo vincula todo con el Uno. A la luz de este conocimiento de las relaciones, un dato explica otro, es su causa o su efecto, de tal suerte que, en definitiva, cada cosa revela todas las cosas, hasta los aspectos infinitos e indistintos de la Causa primera y única, cuyos símbolos ellas son.
   Pero este conocimiento relativo, aunque atribuye a cada posibilidad la cualidad que le es propia y enlaza esta cualidad con sus causas y sus efectos, sigue siendo ignorancia con respecto a lo único Verdadero, pues admite relatividad o causalidad allí donde en realidad no hay más que el Uno sin segundo. Hay, pues, que subir más arriba en la escala del conocimiento para hallar la Verdad pura; y aspirando a ello, se pasará por el intermedio entre el conocimiento distinto o relativo y el Conocimiento indistinto y absoluto, es decir, por el tawhid, el conocimiento unitivo. En este conocimiento se superarán los aspectos limitativos y antinómicos de las cosas, por la verdad mediadora de la Unidad en lo múltiple y de lo múltiple en el Uno. Se buscará al Uno en lo múltiple por la concentración espiritual sobre Su Presencia real en nosotros mismos y en todas las cosas, y se contemplará lo múltiple en el Uno por transposición espiritual de las formas externas e internas a su plano prototípico u ontológico, en el que no son otras que Cualidades infinitas y no-diferenciadas de Dios, esencias puras e inmutables que se identifican eternamente con la Esencia Única.»

Leo Schaya en "La doctrina sufí de la unidad"

«El tercer Patriarca zen, Hsin Hsin Ming, declaró: El gran camino no es difícil para aquellos que no tienen preferencias. Haga la menor distinción, sin embargo, y el Cielo y la Tierra estarán diferenciados infinitamente. Desde la perspectiva de una moneda, tanto la cara como la cruz son partes esenciales de ella. No hay ninguna posibilidad de que un lado sea mejor, más útil o más bello que el otro. La cuestión de que lo correcto sea mejor que lo erróneo sólo surge cuando nuestra percepción está dividida y no está arraigada en la unidad de todas las cosas. La debilidad puede ser tan importante y preciosa como la fuerza. Todos los grandes escritores, artistas o atletas construyeron sus logros sobre la fundación de sus decepciones y fracasos.
   Una moneda sigue siendo igual independientemente de quién la esté observando y desde qué lado la esté mirando. Si uno siente que un lado de la moneda es mejor o tiene más valor que el otro, es su elección y preferencia en ese momento. No obstante, dicha decisión no reduce ni enriquece el valor de la moneda ni elimina la posibilidad de que alguien vea la misma moneda de la forma opuesta. De un modo similar, si a uno no le gusta lo que digo, o siente que lo que estoy diciendo no tiene ningún sentido, no es sino su verdad y no repercute al hecho de que otra persona se sienta de forma muy distinta sobre la misma cuestión. Cualquier aspecto que nos guste o disguste de los demás está coloreado por la perspectiva que tenemos de nosotros mismos.»

Andreas Moritz en "Rasgar el velo de la dualidad"

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