Textos destacados
Tesoros del Conocimiento

«Tendremos entonces una guerra entre la conciencia y la naturaleza, entre el deseo de permanencia y el hecho del flujo. Esta guerra debe ser totalmente fútil y frustrante —un círculo vicioso— porque es un conflicto entre dos partes de la misma cosa. Debe conducir al pensamiento y la acción en unos círculos cada vez más rápidos que no van a ninguna parte, pues cuando dejamos de ver que nuestra vida es cambio, nos enfrentamos a nosotros mismos y nos volvemos como Ouroboros, la serpiente desorientada, que trata de morderse su propia cola. Ouroboros es el símbolo perenne de todos los círculos viciosos, de todo intento de dividir nuestro ser y hacer que una parte conquiste a la otra.
Por mucho que luchemos, la fijación nunca dará sentido al cambio. La única manera de hacer que el cambio tenga sentido consiste en sumergirse en él, moverse con él, participar en el baile.»
Alan Watts en "La sabiduría de la inseguridad"


«Si nuestros análisis e interpretaciones están fundados, la alquimia prolonga y consuma un viejo sueño del homo faber: el de colaborar al perfeccionamiento de la Materia, asegurando al mismo tiempo su propia perfección. Hemos descrito ya algunas fases fundamentales de esta colaboración sobre las cuales no hemos de insistir. Hay un distintivo común en todas estas tentativas: al asumir la responsabilidad de cambiar a la Naturaleza, el hombre se erigía como sustituto del Tiempo. Lo que hubiera necesitado milenios o eones para madurar en las profundidades de la tierra el metalúrgico y, sobre todo, el alquimista estiman poder obtenerlo en pocas semanas. El horno sustituye a la matriz telúrica: allí es donde los minerales-embriones concluyen su crecimiento. El vas mirabile del alquimista, sus pequeños hornos, sus retortas, juegan un papel aún más ambicioso: todos estos aparatos representan el lugar de un retorno al Caos primordial, de una repetición de la Cosmogonía; allí mueren y resucitan las sustancias para ser finalmente transmutadas en oro. Hemos hecho resaltar el aspecto espiritual de la obra alquímica para poder considerarla ahora, desde fuera, como un esfuerzo encaminado a la modificación de la Materia. En este punto esta obra prolongaba la empresa del artifex de las eras prehistóricas que jugaba con el fuego para cambiar la Naturaleza, crear formas nuevas y, en definitiva, en la medida humana, colaborar con el Creador, perfeccionar la Creación. La figura mítica del Herrero-Héroe Civilizador africano no ha perdido aún la significación religiosa del trabajo metalúrgico: el Herrero celeste, como ya hemos visto, completa la creación, organiza el mundo, funda la cultura y guía a los humanos hacia el conocimiento de los misterios.»
Mircea Eliade en "Herreros y alquimistas"


«El no-ser es un espejo,
el mundo es la imagen reflejada en él
y el hombre es como el ojo de esa imagen
en la que se oculta la Persona invisible.
Eres el ojo de la imagen
y Él es la luz del ojo;
con la mirada de ese ojo,
Él se ve a sí mismo.»
Mahmud Shabestari en "El jardín del misterio"


«Dios es Uno y no hay otro a su lado, y el Cosmos, como se ha apuntado, es la automanifestación o autorevelación de esta Unidad en diferentes grados o niveles ontológicos. Esto implica que a pesar de la aparente diversidad presente en el cosmos, también en el fondo éste es Uno. Según esto, las causas materiales de los hechos son velos que esconden la verdad esencial de dicha unidad, y por tanto deben considerarse como causas secundarias que tienen un valor simbólico. Así, el modelo mecanicista tradicional de las ciencias naturales, según el cual la causa de un acontecimiento debe buscarse en el pasado, es aquí sustituido por el modelo finalista, que la sitúa en el futuro. En la terminología sufí este modelo finalista corresponde a la ciencia de la manifestación divina, cuya premisa fundamental es que las causas materiales de los acontecimientos son en realidad medios para que llegue a manifestarse algo predeterminado de antemano.»
Jordi Delclòs en "Platonismo y sufismo"


«Toda educación, toda religión, toda terapia que no reconozca la identidad de alma e instinto tal y como nos la presenta Pan, privilegiando un aspecto sobre el otro, insulta a Pan y no será capaz de curar. No podemos hacer nada por el alma si no reconocemos que se trata de naturaleza interior, y no podemos hacer nada por el instinto si olvidamos que tiene su propia fantasía, su propia reflexión y sus propias intenciones psíquicas. La identidad de los núcleos gemelos de Pan, ya se trate de conducta y fantasía, compulsión e inhibición, sexualidad y pánico, o el dios y sus ninfas, significa que psique e instinto son inseparables en todo momento. Lo que le hacemos a nuestro instinto también se lo hacemos a nuestras almas.
Esta idea, si tenemos en cuenta el alcance completo de los motivos mitológicos y del comportamiento de Pan, tiene sus consecuencias. Significa que el conocimiento de uno mismo reconoce la presencia de Pan en las cavernas más oscuras de la psique y que ése es su lugar. Significa además que el conocimiento de uno mismo reconoce que el horror de Pan y sus depravaciones morales también pertenecen al alma. Esta nueva visión, que le otorga a la cabra lo que es debido, puede traer aquella belleza por la que Sócrates reza su plegaria. Y, al reconocer a Pan en su plenitud, Pan puede proporcionar la bendición que Sócrates busca, en la que interno y externo son una misma cosa.»
James Hillman en "Pan y la pesadilla"

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