Textos destacados
Tesoros del Conocimiento

«Los atractores extraños y los fractales inducen un profundo reconocimiento, algo emparentado con el fascinante reconocimiento que suscitan las intrincadas figuras del arte celta de la Edad del Bronce, los complejos diseños de una vasija ritual Shang, los motivos rituales de los indios americanos de la Costa Oeste, los mitos acerca de los laberintos, los juegos infantiles de lenguaje iterativo o los patrones de los cánticos de los llamados pueblos primitivos. Las armonías regulares del arte occidental clásico resultan casi aberrantes comparadas con estas formas. Pero cuando miramos el arte más grandioso advertimos que aun en las formas clásicas siempre hay un dinamismo del caos dentro de la serenidad del orden. Todo gran arte explora esta tensión entre el orden y el caos, entre el crecimiento y la estasis. Los órdenes del caos, el crecimiento y la estabilidad parecen enfrentarnos con algo que está sepultado en los cimientos de la existencia humana.»
John Briggs y F. David Peat en "Espejo y reflejo: del caos al orden"


«En el pensamiento simbólico, la cosmología es indisociable de la angelología y, al no tener en cuenta la existencia de los ángeles, fallan los fundamentos cosmológicos, como lo explica el mismo Corbin en otro lugar: Se asiste pues a una alianza de la teología cristiana y la ciencia positiva con vistas a aniquilar las prerrogativas del Ángel y del mundo del Ángel en la demiurgia del cosmos. A partir de ahí, el mundo angélico ya no será necesario con necesidad metafísica; será como un lujo en la Creación, con una existencia más o menos probable.
Lo que ocurrió con el simbolismo y la angelología sucedió también con la gnosis, que fue rechazada tanto por la academia, con sus presupuestos positivistas, como por las religiones, que, en general, prefieren los dogmas al conocimiento místico. Así, la recuperación por parte de Corbin de la angelología antigua es, como él mismo explica en repetidas ocasiones, una recuperación del pensamiento mágico y simbólico en el que cada parte de la creación está en relación con las otras originando la ciencia de las correspondencias, aquella a la que Pico della Mirandola así como otros autores renacentistas llamaron la ciencia natural. Los ángeles son como los hilos ocultos que enlazan y tejen el universo entendido como la manifestación de lo invisible.»
Raimon Arola en "Cuestiones simbólicas"


«Tal vez percibamos mejor la relación entre unidad y multiplicidad, entre existencia y existentes, entre océano y olas, abordando tres categorías ontológicas fundamentales, que son el ser necesario, lo posible y lo imposible.
De la primera categoría sólo cabe predicar el ser, ya que no depende de ningún factor extrínseco para su existencia. Dicho ser ilimitado y completamente autosuficiente es incognoscible en sí mismo y, en consecuencia, sólo podemos aprehenderlo a través de sus variadas e inagotables manifestaciones. En el extremo opuesto del espectro se sitúa la categoría de la completa imposibilidad o la nada absoluta, es decir, aquello que no puede ser de ninguna manera. Sin embargo, aunque este no-ser absoluto tampoco puede ser pensado ni concebido en modo alguno, hay otra clase de no-existentes que sí que resultan accesibles al conocimiento, como los pensamientos que se presentan en la mente en tanto meros inteligibles, aunque carecen de realidad en el mundo exterior, o las experiencias que ocurren en un determinado estado de conciencia —como, por ejemplo, los sueños—, pero no se presentan en otros ámbitos.
Entre necesidad e imposibilidad se ubica la categoría de lo posible, cuyo principal rasgo definitorio es que puede acoger tanto existencia como inexistencia —pues no es ni una cosa ni la otra—, estableciendo también los límites del conocimiento humano. Así pues, lo posible no es mera nada (lo que no puede ser en modo alguno) ni puro ser (aquello que no puede dejar de ser), sino que se sitúa a idéntica distancia entre ambas condiciones.»
Fernando Mora en "Ibn 'Arabí: Vida y enseñanzas del gran místico andalusí"


«La idea de que todos los opuestos constituyen una polaridad —que la luz y la oscuridad, el ganar y el perder, el bien y el mal son simplemente aspectos diferentes del mismo fenómeno— es uno de los principios básicos de la vida oriental. Puesto que todos los opuestos son interdependientes, su conflicto nunca podrá terminar con la victoria total de una de las partes, sino que siempre será una manifestación de la interacción entre ambos. Así, en Oriente, una persona virtuosa no es la que emprende la imposible tarea de luchar por el bien y eliminar el mal, sino más bien la que es capaz de mantener un equilibrio dinámico entre lo bueno y lo malo.
Esta idea del equilibrio dinámico es esencial para la forma en que se experimenta la unidad de los opuestos en el misticismo oriental. Nunca es una identidad estática, sino siempre una interacción dinámica entre los dos extremos. Esto fue resaltado por los sabios chinos en su simbolismo de los polos arquetípicos yin y yang. A la unidad existente más allá del yin y del yang la llamaron Tao y la consideraban como un proceso que producía su interacción: Aquello que deja aparecer ahora la oscuridad, ahora la luz, es el Tao»
Fritjof Capra en "El Tao de la física"


«La gran hipótesis de Jung, en cuanto a la explicación de esos fenómenos que violan las sacrosantas leyes de la naturaleza elaboradas desde Newton según las líneas de Aristóteles y de Descartes (para mencionar sólo a los más descollantes), es, lo recuerdo, la de que hay, además del espacio-tiempo de los físicos contemporáneos y su causalidad (determinismo de causa a efecto), una acausalidad, es decir, un lugar sin lugar, un tiempo sin tiempo y una causalidad sin causalidad. En suma y dicho de otro modo, hay un mundo del no mundo, en fin, un vacío, sin el cual lo lleno del espacio-tiempo y de su causalidad no tendría ningún sentido, porque no podría concebirse, ni en su concepción física de engendramiento, ni en su concepción intelectiva de comprensión y de significación.
La sincronicidad, nos asegura Jung, presupone un sentido a priori respecto de la conciencia humana, un sentido que parece existir fuera del hombre. Esta hipótesis aparece sobre todo en la filosofía de Platón, quien admite la existencia de imágenes trascendentales, modelos (arquetipos) de las cosas empíricas, los eide (formas, especies) cuyas imágenes (eidola) son las cosas.»
Pierre Solié en "La sincronicidad. ¿Existe un orden a-causal?"

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