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Tesoro del Conocimiento

«A tal fin, recordemos que todas las cosmogonías tradicionales presentan una procesión del cosmos que parte de un substrato material primordial, al que se alude de varias maneras simbólicas en las literaturas sagradas de la humanidad, y que después se designa con varios términos técnicos, desde la Prakriti del Vedanta hasta la materia prima escolástica. Entre todas estas designaciones del sustrato material, la que en cierto modo es más directamente pertinente a la indagación que nos ocupa es el término griego caos; como leemos en la teogonía de Hesíodo: Verdaderamente en el comienzo, llegó a ser el caos. Lo que primero llegó a ser puede, así, concebirse como una multitud de posibilidades enfrentadas: enfrentadas debido a que en el plano de la manifestación son mutuamente incompatibles. Un bloque de mármol contiene potencialmente innumerables formas, pero el arte del escultor solo puede actualizar una de ellas. La actualización de una forma, por lo visto, requiere un acto determinativo, la imposición de un límite sobre lo ilimitado de acuerdo con el verso bíblico: Colocó su compás sobre la faz del abismo (Proverbios 9:27). El Acto cosmogenético puede, así, concebirse como un acto de medición en el antiguo sentido que es común a las tradiciones griega e hindú; Ananda Coomaraswamy explica:
   El concepto platónico y neoplatónico de medida concuerda con el concepto indio: lo no medido es lo que aún no ha sido definido; lo medido es el contenido definido o finito del cosmos, es decir, del universo ordenado; lo no mensurable es lo infinito, origen a la vez de lo indefinido y de lo finito, y permanece ajeno a la definición de lo que es definible.
   A la luz de estos conceptos tradicionales volvemos a ver que el mundo cuántico ocupa una posición intermedia entre lo medido y lo no medido: pues aunque los sistemas cuánticos están evidentemente sujetos a ciertas determinaciones —sin lo cual no se podrían concebir mecánico-cuánticamente— siguen estando insuficientemente determinados como para calificarse de contenidos definidos o finitos del universo. Según hemos indicado antes, en realidad no son cosas, lo que es decir que carecen de quididad, carecen de esencia.
   Ahora bien, es precisamente tal falta de esencia la que se manifiesta físicamente como indeterminación cuántica: sostengo que es aquí donde se encuentra el significado metafísico de la indeterminación. Lo que ha desconcertado enormemente a los físicos no es más que una marca de lo no medido. Tal marca, no obstante, demuestra ser característica de todo el mundo cuántico: el principio de incertidumbre de Heisenberg lo garantiza. Se desprende que el dominio cuántico entero constituye un substrato material con relación a lo medido, es decir, el mundo corpóreo. Sin duda, se pueden en efecto actualizar sistemas cuánticos mediante lo que hemos llamado presentación o midiendo, en sentido científico, pero hay que señalar que la actualización inevitablemente nos saca del mundo cuántico situándonos en el corpóreo, mientras que el sistema mismo permanece inmanifestado y, de hecho, inmanifestable. Se haga lo que se haga, el substrato nunca deja de ser substrato.
   Según estas consideraciones parece que la física cuántica descubre un nivel ontológico que se acerca a las aguas primordiales, que siguen ahí incluso después de que el espíritu de Dios haya soplado sobre ellas para hacer surgir nuestro mundo. Sostengo que la indeterminación cuántica —el caos parcial de la superposición cuántica— puede en efecto verse como reflejo del caos primordial, o incluso más concretamente como un resto del desorden subyacente.
   En cuanto a la actualización de un sistema cuántico por medición, hemos visto que depende de un acto de causación vertical que finalmente ha de referirse a la causalidad primaria. Se puede decir, por consiguiente, que toda medición de un sistema cuántico constituye un acto cosmogenético que participa en el Acto único de la creación. Independientemente de si los físicos se dan cuenta o no, en el fenómeno del colapso del vector de estado retoman el Acto cosmogenético, no hipotéticamente, en alguna explosión estipulada que se supone que ocurrió hace muchos miles de millones de años, sino realmente, aquí y ahora

Wolfgang Smith en "El enigma cuántico"