Textos destacados
Tesoro del Conocimiento

«Se entiende generalmente que la expresión Philosophia Perennis se refiere a la verdad metafísica, que no tiene comienzo y que es la misma en todas las expresiones de la sabiduría. Quizá sería mejor o más prudente hablar aquí de Sophia Perennis, pues no se trata de construcciones mentales artificiales, como ocurre muy a menudo en la filosofía; o también, para designar la sabiduría primordial que siempre permanece fiel a sí misma, se podría usar el término Religio Perennis, dado que por su naturaleza implica en cierto sentido el culto y la realización espiritual. No tenemos fundamentalmente nada contra el término filosofía, pues los antiguos lo aplicaban a todo tipo de sabiduría auténtica; pero de hecho el racionalismo, que no tiene absolutamente nada que ver con la verdadera contemplación espiritual, ha dado al término filosofía un sentido restrictivo, de modo que nunca se puede saber a qué se está aludiendo realmente. Si Kant es un filósofo, Plotino no lo es, y a la inversa.
La Sophia Perennis trata de lo siguiente: hay verdades inherentes al Espíritu humano, que de hecho están como enterradas en el fondo del corazón —en el Intelecto puro— y que sólo resultan accesibles al espiritualmente contemplativo; y estas verdades son las verdades metafísicas fundamentales. Tienen acceso a ellas el gnóstico, el pneumático o el teósofo —en el sentido original y no sectario de estos términos—, y también tenían acceso a ellas el filósofo en el sentido literal y todavía inocente de la palabra: un Pitágoras o un Platón, y en parte incluso un Aristóteles.
Si no hubiera el Intelecto, el Espíritu contemplativo y que conoce de manera directa, el Conocimiento del Corazón, tampoco existiría la razón capaz de lógica; los animales no tienen razón porque son incapaces de concebir a Dios; o dicho de otro modo, si el hombre posee la razón o el entendimiento —y con ello el lenguaje— es únicamente porque en principio tiene acceso a la visión suprarracional, y por lo tanto a la verdad metafísica.
[...]
Puro dogmatismo y mera especulación, tal vez digan muchos. Este es de hecho el problema: una exposición metafísica aparece como un fenómeno puramente mental cuando uno no sabe que su origen no es una elaboración mental o una actitud del alma sino una visión que es completamente independiente de opiniones, conclusiones y credos y que se realiza en el puro Intelecto, a través del Ojo del Corazón. Una exposición metafísica no es verdadera por ser lógica —en su forma también podría no serlo—, sino que es lógica en sí misma, es decir, bien fundamentada y consecuente, porque es verdadera. El proceso de reflexión de la metafísica no es un soporte artificial para una opinión que hay que probar, es simplemente una descripción que se ha adaptado a las reglas del pensamiento humano; sus pruebas son ayudas, no fines en sí mismos.
Santo Tomás de Aquino dijo que era imposible probar el Ser Divino, no porque no fuese claro, sino, al contrario, por su exceso de claridad. Nada es más necio que la pregunta de si se puede probar lo suprasensorial: porque por una parte se puede probar todo a alguien espiritualmente dotado, y por otra el que no está espiritualmente dotado permanece ciego ante la mejor de las pruebas. El pensamiento no está ahí para agotar la realidad con palabras —si pudiera hacerlo sería él la realidad, suposición contradictoria en sí misma— sino que su papel sólo puede consistir en proporcionar claves de la Realidad; la clave no es la Realidad, ni puede desear serlo, pero es un camino para acceder a ella para aquellos que pueden y quieren recorrer ese camino: y en el camino ya hay algo del fin, como en el efecto hay algo de la causa.
No ignoramos que el pensamiento moderno, todavía llamado erróneamente filosófico, se distancia cada vez más de una lógica que se considera escolástica y trata cada vez más de determinarse psicológica o incluso biológicamente, pero esto en modo alguno puede impedirnos pensar o ser de la manera que exige la naturaleza teomórfica del hombre y por consiguiente la razón suficiente del estado humano. Hoy en día se habla mucho del hombre de nuestro tiempo y se reclama para él el derecho a determinar la verdad de este tiempo, como si el hombre fuera un tiempo y como si la verdad no fuera válida para el hombre como tal; lo que en el hombre es mudable no pertenece al hombre como tal; lo que constituye el milagro del hombre no está sujeto al cambio, pues en la imagen de Dios no puede haber aumento ni disminución. Y que el hombre está hecho a esa imagen se desprende del simple hecho de que posee el concepto de lo Absoluto. En este único concepto primordial reside toda la esencia del hombre y por lo tanto también toda su vocación.»
Frithjof Schuon en "Mensajero de la Sophia Perennis"

