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Tesoro del Conocimiento

«Podríamos comenzar distinguiendo, como hicimos más arriba, entre magia, mito, religión, filosofía y ciencia. Se trata de una enumeración que va de menos a más en el sentido del raciocinio (explicativo), mínimo en la magia y máximo en la ciencia, pero de más a menos en el sentido del relaciocinio (implicativo), máximo en la magia y mínimo en la ciencia. El proceso diacrónico de lo mágico-mítico a lo racional-científico debe entonces corregirse con su revisión sincrónica: ya que lo que se gana en objetividad (científica) se pierde en subjetividad (mágico-mítica), y viceversa. En consecuencia, habida cuenta del continuum subjetivo-objetivo de la experiencia del hombre en el mundo, deberíamos hablar de una continuidad que va de lo interior a lo exterior, y viceversa. En esta revisión magia, mito, religión, filosofía y ciencia aparecerían como diversos modos de articulación de la realidad por parte del hombre, en un contexto que va de lo místico y sintético a lo analítico y funcional. De este modo, el pensamiento mágico-mítico no debería ya descalificarse como absurdo pensamiento primitivo, sino como el pensamiento primero o primordial humano que, como adujera C. Lévi-Strauss, trata de fundar una lógica relacional o ciencia cualitativa de lo concreto, capaz de poner en conexión analógica el conjunto de nuestra experiencia a modo de sensus communis o sentido común primario.
Con ello tratamos de evitar el planteamiento tradicional que opone absolutamente la magia a la ciencia, el mito al logos/razón y lo prelógico a lo lógico. Naturalmente, cabe plantear la cuestión del pensamiento mágico, mítico o religioso en contraposición al pensamiento lógico, filosófico o científico, tratando de recuperar lo excluido por estos últimos y planteado precisamente por aquéllos: lo irracional o paralógico, lo subjetivo o psíquico, la experiencia del límite y lo liminal (mana, Abgrund, caos, infinito, destino). Sin embargo, esta contraposición clásica de razón e irrazón, aparte de etnocéntrica, nos lleva a disputas sin fin y a innúmeros callejones sin salida, al oponer los extremos que forman parte de una misma cadena o concatenación humana a la que pertenece tanto la implicación como la explicación, el mito y el logos, la síntesis y el análisis. Por eso proponemos aquí el término mito-logía para evitar el dualismo aludido y poder hablar legítimamente de un pensamiento relacional que, a través de un lenguaje simbólico, refiere o relata dramáticamente los avatares del sentido en el mundo del hombre.
En este contexto podríamos hablar del mito como ese relato de fondo o cosmovisión que sirve de horizonte constitutivo de sentido a la religión como institución ritual y moral de un ethos o axiología compartida. Pero, según lo dicho, sería mejor hablar de mito-logía conjuntamente, englobando el aspecto mítico o cosmovisional y religioso o moral, pudiéndosela definir como aquel relato fundacional que relaciona los aspectos contradictorios de la experiencia humana a través de un lenguaje simbólico y dramático, capaz de exorcizar el mal implicándolo en un sentido o disposición. Lo que hace a una mito-logía tal es su intento de encajar todas las realidades, aun las inexplicables, en la gran implicación de un sentido relacional: para ello usa el simbolismo, el cual se define como la sutura (cultural) de la fisura (natural) que habita el hombre, así pues, como un lenguaje religador y, por tanto, religioso. En efecto, lo que hace sagrado algo es que esté en el lugar que le corresponde, de donde el carácter taxonómico de la mitología y la perecuación de la realidad que organiza su ritual.»
Andrés Ortiz-Osés en "La Diosa Madre"

