Textos destacados
Tesoro del Conocimiento

«Esta disgresión nos ha parecido necesaria para ayudar a hacer comprender que las dos dimensiones, exotérica y esotérica, son profundamente distintas por naturaleza, y que, cuando hay incompatibilidad, no puede surgir sino debido a la primera y nunca a la segunda, que está más allá de las oposiciones por situarse más allá de las formas. Hay una fórmula sufí que ilumina con tanta claridad como concisión las diferencias de punto de vista entre estas dos grandes vías: La vía exotérica es: yo y Tú. La vía esotérica es: yo soy Tú y Tú eres yo. El Conocimiento esotérico es: ni yo ni Tú, sino Él. El exoterismo está como si dijéramos fundado sobre el dualismo criatura-Creador, al que atribuye una realidad absoluta, como si la Realidad divina, que es metafísicamente única, no absorbiese o anulase la realidad relativa de la criatura, o sea cualquier realidad relativa y extradivina en apariencia. Si bien es verdad que el esoterismo admite igualmente la distinción entre el yo individual y el Sí universal o divino, no es sin embargo más que de un modo provisional y metódico, y no en un sentido absoluto. Tomando primeramente su punto de partida en el nivel de esta dualidad, que corresponde evidentemente a una realidad relativa, el esoterismo llega a superarla metafísicamente, lo que sería imposible desde el punto de vista exotérico, cuya limitación consiste precisamente en atribuir una realidad absoluta a lo que es contingente. Llegamos así a la definición misma de la perspectiva exotérica: dualismo irreductible y búsqueda exclusiva de la salvación individual, dualismo que implica que no se considere a Dios sino desde el ángulo de Sus relaciones con lo creado, y no en su Realidad total e infinita, su Impersonalidad, que aniquila cualquier realidad aparentemente distinta de Él.
Lo que es censurable no es el hecho mismo de este dualismo dogmático, puesto que se corresponde exactamente con el punto de vista individual en el que se sitúa la religión, sino únicamente las inducciones que implican la atribución de una realidad absoluta a lo relativo. Metafísicamente, la realidad humana se reduce a la Realidad divina, y en sí misma no es sino ilusoria; teológicamente, la Realidad divina se reduce en apariencia a la realidad humana, en el sentido de que no está por encima de ella como cualidad existencial sino solamente como cualidad causal.»
Frithjof Schuon en "De la unidad transcendente de las religiones"

