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Tesoro del Conocimiento

«Debemos entender, como apunta Robert Ginsberg, que la ruina libera a la materia de la servidumbre de la forma. Una materia de identidad caótica, telúrica e ingobernable, imbricada a la naturaleza del contexto que la rodea. Algo que había sido conquistado y deformado vuelve a su esencia original y cobra nuevos matices. La destrucción o agostamiento de la estructura favorece el resurgimiento de la sustancia, en toda la riqueza de su núcleo material. Es la ruptura de la forma, bajo la égida anárquica del decaimiento o la destrucción, lo que implica el alba de un número infinito de posibilidades.
Así liberados, los materiales florecen a nuestra vista en majestad, elevados en su cohabitación con el entorno. Apelando a la sensibilidad del espectador con lo sublime del placer y el dolor. Y es que, en la transposición a la ruina, la materia parece afirmar con suavidad su libertad, su independencia irrenunciable. De nuevo entre dos mundos, las ruinas cabalgan entre la mano del hombre y el abrazo de la naturaleza, sin pertenecer por completo a ninguno de los dos.
La relación entre materia y forma, otorgando prioridad a esta última, es una pieza esencial en cualquier formación estética. Sin embargo, en la ruina la materia deja de estar subordinada a ésta última, toda vez que no prescinde por completo de ella. En realidad, podríamos decir que se erige como dueña de sí misma, alzándose al siguiente nivel de la categoría estética, donde la forma arquitectónica es liberada del lastre de la funcionalidad. Es por ello que cada edificio en ruinas es una única obra maestra.
En la ruina la destrucción crea algo que está más allá de su cometido original y nos muestra una suerte de nuevo diseño, uno tocado con un hálito ajeno e incomprensible que nos hace rozar con los dedos el propósito propio a una inteligencia ajena a nosotros. Debido a ello, ciertos conjuntos de ruinas como las de Pompeya, ya no conforman una ciudad sino otra cosa, un nuevo universo, extraño y alienígena, sublime a nuestra percepción.»
Juan Francisco Pastor Paris en "Ruinas: poética y estética de lo sublime"

