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Tesoro del Conocimiento

«En realidad, el panteísmo consiste en admitir una continuidad entre el Infinito y lo finito, continuidad que no se puede concebir si previamente no se admite una identidad substancial entre el Principio ontológico —que constituye el objeto para cualquier teísmo— y el orden manifestado, concepción que presupone una idea substancial, luego falsa, del Ser, o bien se confunde la identidad esencial de la manifestación y del Ser con una identidad substancial. El panteísmo consiste en eso y nada más. Pero parece que algunas inteligencias son irremediablemente refractarias a una verdad tan simple, a menos que alguna pasión o interés les fuerce a no desprenderse de un instrumento de polémica tan cómodo como es el término panteísmo, que permite arrojar una sospecha general sobre ciertas doctrinas que se consideran molestas, sin que se tenga que tomar el trabajo de examinarlas en sí mismas. Incluso cuando la idea misma de Dios no fuera más que una concepción de la Substancia universal (materia prima) y que el Principio ontológico se dejara de lado a causa de eso, el reproche de panteísmo estaría también injustificado, al ser la materia prima siempre transcendente y virgen respecto a sus producciones. Si Dios se concibe como la Unidad primordial, es decir, como la Esencia pura, nada puede serle substancialmente idéntico; pero al calificar de panteísmo la concepción de la identidad esencial, se niega al mismo tiempo la relatividad de las cosas y se les atribuye una realidad autónoma respecto al Ser o la Existencia, como si pudiese haber dos realidades esencialmente distintas, o dos Unidades o Unicidades. La consecuencia fatal de tal razonamiento es el materialismo puro y simple, pues desde que la manifestación ya no se concibe como esencialmente idéntica al Principio, la admisión lógica de este Principio no es sino una cuestión de credulidad, y si esta razón sentimentalista fracasa ya no queda otra razón para admitir algo más que la manifestación, y más en particular la manifestación sensible.»
Frithjof Schuon en "De la unidad transcendente de las religiones"

