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Tesoro del Conocimiento

«La virtud intrínseca está más allá de toda especificación moral; es nuestro ser fundamental, de suerte que ser virtuoso es abstenerse de los vicios de la naturaleza caída, lo cual no impide que esa abstención pueda tomar, según las circunstancias, un aspecto de afirmación volitiva, luego de exteriorización y de actividad. En cambio, la perspectiva propiamente moral, que el jnâni o el gnóstico debe dejar atrás, busca añadir a nuestro ser obras y virtudes, y tiende con ello al individualismo; corre el peligro de poner las obras y las virtudes prácticamente en el lugar de Dios, mientras que la perspectiva jnánica, que se limita a mantener el alma en la virginidad de nuestro ser fundamental, es impersonal por el hecho de que la virtud no la ve en unas iniciativas humanas, sino en una cualidad existencial, a saber, la naturaleza primigenia e inocente de lo creado; ahora bien, ese ser fundamental, o esa naturaleza teomorfa, es una capa más profunda que el plano de la caída. La virtud, por tanto, no se disocia de la contemplación, permanece en Dios, por decirlo así; más que una voluntad de hacer, es una consecuencia de ser, y por eso se retira del plano de las oposiciones morales más que entrar activamente en su juego. Pero dejar atrás las virtudes no puede equivaler en ningún caso a una privación de virtud, sino que es, por el contrario, la liberación de las limitaciones individuales que adquieren las Cualidades divinas en el ego humano; lo que más cuenta, para Dios, es la calidad de nuestra contemplación, pues ser contemplado es para Dios una manera de ser, si cabe expresarse así, en el sentido de que el hecho de la contemplación humana es una consecuencia del ser divino.»
Frithjof Schuon en "Senderos de gnosis"

