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Tesoro del Conocimiento

«No podríamos ser solo ojos, solo oídos, solo piel, solo lengua o solo glándulas olfativas, porque no hay solo luz, solo sonido, solo materia densa. Ningún sentido recubre la vastedad de lo manifestado. Cada uno abre un ámbito de realidad, pero no la agota. Podemos aplicar esta inconmensurabilidad y complementariedad de los sentidos a otras disciplinas o campos cognitivos. Cada disciplina (la filosofía, la teología, la psicología, la sociología, la economía, etc.) abre un campo de conocimiento y una comprensión diferente a partir de los mismos datos que ofrece la realidad. Un bosque es diferente para el leñador, el cazador, el biólogo, el poeta, el excursionista o el artista. Y dentro de cada disciplina de conocimiento, cada escuela lo modula a su vez. En el ámbito de las religiones, cada una se aproxima al misterio de un modo determinado y desde su molde interpretativo incorpora y ordena toda la realidad.
Por lo que hace a los condicionantes culturales, el más determinante es el lenguaje. A través de él organizamos la captación del entorno y damos sentido a lo que vivimos interpretándolo. Sin palabras no hay conceptos y sin conceptos no hay pensamiento, de modo que cada idioma proporciona un modo de pensar que determina un particular acceso a la realidad. Cada lengua proporciona unas palabras en las que anidan los conceptos con los que interpretamos y valoramos lo existente. Nuestra condición lingüística pone de manifiesto la contingencia y parcialidad de cualquier significatividad. Hay que otorgar una especial relevancia a la fragmentariedad como modo de presencia del homo loquens en el mundo, afirma Lluís Duch. Los símbolos son otro tipo de vehículo cognitivo-interpretativo, son diferentes a las palabras porque no son signos, sino imágenes, pero también están enmarcados en un contexto donde adquieren un determinado significado. Abren una comprensión de la realidad de un modo diferente que las palabras. Las religiones son constelaciones de palabras y de símbolos con un vocabulario y unas imágenes muy precisos. La religión como relegere impone al ser humano la ineludible necesidad de la hermenéutica como reconocimiento explícito de su falta de inmediatez con el origen de la realidad. Al igual que cada cultura da un significado a cada objeto que designa, el Absoluto —Objeto inobjetivable por excelencia de las religiones— tiene en cada tradición un significado que viene dado por la constelación en la que se inserta. Las teofanías adquieren la forma del marco del entorno religioso en el que se producen. Paul Ricœur acuñó la expresión le croyable disponible: cada tradición proporciona un marco donde se inscribe un determinado contenido y este marco-contenido delimita lo que es posible creer. Dicho de un modo más sintético, las religiones son lenguajes sobre el Absoluto y por ello cada religión solo puede pensar —acceder— al Absoluto a partir de sus propios términos. Cada tradición ofrece un mundo de comprensión y una comprensión del mundo a través de su lenguaje semántico y simbólico.»
Javier Melloni en "Perspectivas del Absoluto"

