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Tesoro del Conocimiento

«El problema es que un auténtico idiota no puede olvidar jamás una especie de trauma original que le guía. De ahí su torpor y su genio. Sin estrategia ni dirección lineal, el idiota no transita, no avanza. Sin causa ni finalidad, se mueve en círculos, insiste Zambrano. De ahí con frecuencia sus tics gestuales, sus costumbres reiteradas, sus rituales corpóreos. Hasta hace poco, recuerda María Zambrano, cada lugar tendría su idiota y cada palacio su anormal. Es precisamente la desaparición de los lugares a manos de la nivelación comunicativa lo que ha segado la hierba bajo los pies de la idiosincrasia humana. Ahora los idiotas están fundidos con la superestructura del éxito social y, por tanto, se confunden con las estrellas de nuestro imaginario celeste. La fama repartida para todos, al menos diez minutos al día, ha confundido el idiotismo con el éxito, en suma, ha mezclado a la figura venerable del idiota con el imbécil funcional. Es un triunfo más de la estupidez estadounidense, cuando su declive militar coincide con el éxito global de su imaginario simplista. Como líder de la secta llamada sociedad internacional, Estados Unidos es la nación más aburrida y deprimente. Lo de menos es la obsesión con las armas; lo importante es el desarme moral en cuerpos que han aprendido a ignorarse. El racismo del dinero vigila y discrimina, sin necesidad de policías ni pantallas. Todo se juega en el simulacro discriminatorio de la opulencia, con toda su legión de cansados (Handke) recluida en el reformatorio industrial que procesa humanos, o los margina en ejemplares de desecho. Es una metafísica de desarraigo y posterior definición —currículo profesional y nivel de vida— la que triunfa, resultando todos conectados en cuanto separados, en el espectáculo de una civilización autista.»

Ignacio Castro Rey en "El idiota"