Textos destacados

Tesoro del Conocimiento

«Las fiestas, o sea, los espacios significativos donde el tiempo ordinario puede ser abolido, son puntos simbólicos de coyuntura dentro de un tiempo monótono e insignificante y señalan en la sucesión del año lo que es el Tiempo en Sí al valorizarlo y reintegrarlo a un espacio originario; dicho de otro modo, no sería nada el Tiempo, su Ser, sin las fiestas, o espacios, especialmente signados por su proyección o hálito, el movimiento, para comprenderlo o invocarlo. En estas estaciones que hace el movimiento, el tiempo se reintegra, y es a la vez reintegrado por el rito humano a su Origen Arquetípico. Ya que no hay mayor logro de síntesis que vivenciar al Tiempo como si fuera Espacio; un solo y absoluto espacio vacío; pues si el movimiento que atestiguan los calendarios es la proyección espacial del tiempo, la absorción de éste en lo atemporal es semejante a finalizar el discurso sin haber movido la lengua como reza el texto zen-budista.
   Dos han sido siempre para todos los pueblos estas estaciones fundamentales donde el Sol parece detenerse en su recorrido anual y ellas marcan dos puntos extremos en una circunferencia; nos referimos a los solsticios, palabra en cuya etimología está implícita esta estación, este detenerse, esta invariable y periódica señal que divide el año en dos partes; y posteriormente en cuatro, con los equinoccios como puntos intermedios, estabilizándolo, enmarcándolo y estructurando todas las fiestas sucesivas.»

Federico González en "Simbolismo y arte"