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Tesoro del Conocimiento

«Hay dos maneras de leer, de cotejar un símbolo. Se pueden efectuar dos lecturas del mito de Edipo: una freudiana, otra heideggeriana o platónica. No insistiremos en la lectura freudiana; ya sabemos que lee en el mito de Edipo el drama del incesto: al matar a su padre y casarse con su madre, Edipo se limita a realizar uno de los deseos de nuestra infancia. Pero al lado de este drama de Edipo niño, y en el mismo texto de Sófocles, se puede leer otro drama: el de Edipo Rey, y este Edipo encarna el drama de la verdad, ya que busca al asesino de su padre Layo y lucha contra todo lo que constantemente obstaculiza este descubrimiento de la verdad. En tal lectura, Ricoeur pone frente a la Esfinge —que representa el enigma freudiano del nacimiento— a Tiresias, el loco ciego que es el símbolo, la epifanía de la verdad. De aquí la importancia que adopta la ceguera en esta segunda lectura. Es verdad que el freudiano advertía esta ceguera y hacía de ella un efecto-signo de un autocastigo castrador, mutilador. Pero, lo mismo que en Lévi-Strauss —donde no es difícil, por lo demás, clasificar la automutilación de Edipo como característica suplementaria de la dificultad de caminar erguido—, el freudiano lee la escena del cegamiento de Edipo con indiferencia y la posterga en beneficio del incesto o del parricidio. Por el contrario, en la segunda lectura que propone Ricoeur, la ceguera de Edipo, reforzada por la de Tiresias, se vuelve esencial. Tiresias … no tiene ojos carnales, tiene los del espíritu y la inteligencia: sabe. Por lo tanto, será necesario que Edipo, que ve, se vuelva ciego para llegar a la verdad. En ese momento se transformará en el vidente ciego, y cuando Edipo se arranque los ojos habremos llegado al último acto

Gilbert Durand en "La imaginación simbólica"