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Tesoro del Conocimiento

«Tal vez el perenne anhelo de alcanzar la unidad en la diversidad estuviera orquestado por la Luna. La perpetua presencia del círculo invisible en la fase visible evoca la idea del tiempo como forma visible de la eternidad o imagen móvil de la eternidad, como escribió Platón en el Timeo. La eternidad no era una serie continua de momentos en el tiempo que no cesaba nunca; eso era la perpetuidad, una multiplicación infinita. La eternidad era de un orden diferente: una inimaginable plenitud situada más allá del tiempo a la que éste únicamente podía prestar servicio mediante la mimesis, imitación. La Lucrecia de Shakespeare parodia el tiempo de esa forma, llamándolo incesante falta de eternidad. Para los griegos, como para otros pueblos, el ciclo o movimiento circular que aporta una continua renovación y permite la supervivencia de las cosas mediante su repetición era la mejor expresión posible de la eternidad, entendida como una dimensión absoluta, inmóvil e inmutable. Por el contrario, el tiempo era movimiento y cambio, y para Platón todo cambio es un morir. Así pues, el tiempo era una realidad inferior que, en el mejor de los casos, podía imitar a la eternidad moviéndose en círculo y adquirir una identidad mediante la recurrencia, la anakuklosis, el eterno retorno. El modelo lunar de los pueblos primigenios también otorgaba al tiempo una estructura cíclica, por lo que se regeneraba con cada nuevo nacimiento, al igual que la vida del tiempo, el mundo de la naturaleza.»

Jules Cashford en "La Luna"