Textos destacados
Tesoro del Conocimiento

«Los escritos místicos están en el tránsito entre la palabra y el silencio. Son su umbral. Exceden a la expresión por medio de la expresión, y esto es precisamente lo que los hace tan valiosos: remiten más allá de sí mismos, pero pasar por ellos es lo que permite vislumbrar las regiones que evocan.
Como hemos mencionado en su momento, desde Filón de Alejandría la tradición conoce diversos niveles de lectura vinculados con sucesivos estados del alma y con cualidades de la comprensión de los textos.
El primer nivel es el literal, el cual se corresponde con la mirada atenta de la lectio. Se trata de recibir el texto, de escrutarlo y de escucharlo, incluso de obedecerlo, para captar sus inflexiones, pliegues y matices, recibiendo su fuerza y su riqueza, hecha de sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios que dan a cada escritura una personalidad específica.
El segundo nivel de lectura es el alegórico, el cual está vinculado con un estado más avanzado, la meditatio, que es el inicio del despertar interior. La alegoría es un espejo que permite trasladar lo que es dicho hacia lo que no es dicho, lo presente hacia lo ausente, no como un capricho o un artificio, sino como un vuelo del sentido que ha sido propiciado por la meditación. Meditación, mederein, significa tomar medidas, poner atención, cuidar de algo. Ya no se trata sólo del texto sino también, y tal vez sobre todo, de quien lo lee. Las palabras se convierten en alimento que nutre, sana, restituye. Las significaciones se gestan y despliegan lentamente, a la vez que se sienten y gustan interiormente. Se trata de un rumiaje en el que la mente y el corazón se unifican en el mismo paisaje. En este mismo estadio puede incluirse el nivel tipológico o simbólico, en el que se producen asociaciones sorprendentes, relaciones y alianzas de significados audaces que de pronto salen a la luz.
La lectura de un texto culmina en el tercer estadio, el sentido anagógico (de ana-gogikós, conducir hacia arriba), que se corresponde con la contemplación. Está vinculado con la apertura del tercer ojo o mirada del espíritu. La letra deja paso al silencio y la palabra se desvanece, así como la contemplación trasciende la imagen que le había servido de soporte. Vertido el vino en la copa, es ya el tiempo de dejarse embriagar por él y desprenderse del recipiente.»
Javier Melloni en "Voces de la mística"

